🥓COMER GRASA Y NO CARBOHIDRATOS PARA FUNCIONAR ENERGÉTICAMENTE CORRECTO.
El cerebro en definitiva no comprende para qué sirve una dieta “equilibrada” donde las comidas se distribuyen en porciones, utilizando el 65% de carbohidratos, el 20% de proteínas y el 15% de grasas, con un conteo calórico que, si no se encuentra dentro del rango de peso ideal, hay una reducción de las calorías para ir bajando de peso.
Sin embargo, el método de los 65% de carbohidratos sumado a la restricción calórica, resta calorías a un cerebro que necesita su energía completita para poder funcionar; ya sean sus 600 calorías de azúcar (si se pudiera) o sus 600 calorías de cetonas (que son las que realmente dan toda la energía requerida).
Una persona que padezca de convulsiones epilépticas, está sufriendo una enfermedad del sistema nervioso por actividad eléctrica anormal, produciendo convulsiones impredecibles y repetidas, que pueden deberse a la falta de nutrientes en nuestro cerebro por tener un colesterol de baja densidad (LDL) de mala calidad, creado a partir del consumo de carbohidratos que no solo los fabrica de tamaño pequeño sino en mayor cantidad, donde lo que necesita el organismo es que se coma la grasa para poder fabricar el colesterol LDL de tamaño más grande y en menor cantidad, el cual dicho colesterol (LDL) quede formado con grasas y no con azúcar.
El LDL o mal llamado colesterol “malo”, cumple con la función de transportar nutrientes, sin este tipo de colesterol, las células no se alimentan bien, debilitando el cuerpo. Una vez que el colesterol LDL transportó los nutrientes para alimentarnos y funcionar energéticamente, debe regresar al hígado, de esa forma no se quedarán en el torrente sanguíneo amenazando con quedar pegados en las paredes de las arterias para formar la capa de grasa que taponea las arterias y que es la responsable de evitar que pasen nutrientes y oxígeno originando infartos.
Entonces, una vez que el colesterol LDL entrega el “paquete” de comida, debe regresar al hígado que es el filtro encargado de desechar el colesterol, sin embargo, el LDL no sabe cómo regresar al hígado y para que no se pegue en las arterias entra en función el colesterol HDL o llamado colesterol bueno porque su función es recuperar el LDL “malo”, regresarlo al hígado y evitar que se pegue en las arterias.
Un colesterol fabricado con dieta grasosa donde se consuma carnes, aceite de oliva, aceite de coco, aguacate, huevo, mantequilla y otras fuentes de grasa saturada, en lugar de una dieta rica en azúcares, en donde se acostumbran las frutas, los cereales, los panes y otras fuentes ricas de azúcar; el colesterol LDL fabricado con grasa será robusto, lo cual lo convierte en un excelente transportador de “paquetes” de comida, esa robustez del LDL o colesterol “malo” que son más grandes por ser fabricados a partir de las grasas, puede hacer el trabajo de varios colesteroles LDL “malos”, creados a partir de los cereales, panes, frutas y otros tipos de azúcares conseguidos desde los carbohidratos.
En una dieta “equilibrada” reducida en calorías para bajar de peso, utilizando el control de carbohidratos por medio de porciones o disminución de ellos en ciertas comidas, disminuye las calorías y se logra adelgazar por la pérdida de masa muscular, masa ósea y grasa. Esa disminución de carbohidratos es muy poca azúcar para vivir, pero a la vez es mucha azúcar como para permitir que el cuerpo sea un quemador de grasa ¿Qué significa esto? Que para ser un verdadero quemador de grasa no se debe restringir calorías, lo que se debe restringir es el consumo de carbohidratos al 10% de la dieta diaria, no mantenerlo al 65%, o para entenderlo mejor la ingesta de carbohidratos debería ser de un máximo de 50 gramos por día, donde 1 banano contiene 30 gramos de carbohidratos, si agregamos 100 gramos de papaya obtendríamos 8 gramos de carbohidratos, más 1 manzana que contiene alrededor de 18 gramos de carbohidratos, esa combinación nos da: 56 gramos de carbohidratos en 1 comida al día o tal vez en 2 comidas al día; si se mantiene esa línea de alimentos, esa cantidad de azúcar es muy poca para funcionar energéticamente bien, pero a la vez es demasiada azúcar como para poder tomar a la libre la grasa del cuerpo y quemarla para generar todas las calorías requeridas por el cuerpo sin competir con las 600 calorías que necesita el cerebro.
Comer mucha azúcar nos engorda, por ejemplo, en una dieta de 2000 calorías, una persona podría estar consumiendo 850 gramos de azúcar aproximadamente, esa cantidad de azúcar en gramos, nos llenará el cuerpo de grasa mientras que comer poca cantidad de azúcar en una misma dieta de 2000 calorías por ejemplo 100 gramos de azúcar diarios no nos engorda.
Por el contrario, adelgazamos con rapidez ya que el faltante de azúcar para vivir si se es un quemador de azúcar, la vamos a adquirir desde los músculos convirtiendo los elementos nos glúcidos como los aminoácidos en azúcar, con lo cual se perderá masa muscular y masa ósea para lucir flacos y encontrando rápidamente el peso ideal al bajar kilogramos.
No obstante, 100 gramos si se es un quemador de azúcar, es mucha cantidad como para que el cuerpo pueda utilizar las grasas como gran fuente energética principal y a la vez es muy poca azúcar para vivir. Por lo tanto, el cerebro empezará a afectar las mitocondrias cerebrales que es lugar para generar energía o ATP que requiere este órgano para funcionar energéticamente estable.
Si al cerebro se le restan calorías, realizará un tipo de trastorno energético por falta de sangre con nutrientes y si a eso le sumamos que no pase oxígeno, sufrirá una isquemia transitoria, ambos nutrientes más el oxígeno son importantísimos para mantener al cerebro fresco y lúcido.
Entendiendo que los carbohidratos generan poca energía y que a la vez los combinamos con mucha facilidad, con lo cual pasarnos de los 50 gramos diarios, es muy común, en un desayuno compuesto de: pan con mermelada, miel de abeja o leche condensada, ya superan los 50 gramos de carbohidratos. Un almuerzo compuesto de: pizza que trae pan, queso, chile, cebolla, salsa roja con azúcar, carne molida, piña y la acompañan con gaseosa repleta de azúcar, supera por mucho los 50 gramos de carbohidratos.
Otra característica de los carbohidratos es que al mezclarlos con grasas y proteínas como por ejemplo arroz, frijoles y huevo, esa mezcla genera mucha toxina, impidiendo que nuestros filtros (riñones, pulmones e hígado) hagan una limpieza efectiva de los espacios intersticiales de la célula (alrededor de la célula), esa falta de espacios limpios alrededor de las células impedirá la comunicación entre el vaso sanguíneo y la célula, generando la falta de oxigenación y un desbalance electrolítico o una isquemia transitoria, provocando la convulsión que presenta el epiléptico.
Si la oxigenación celular no es transitoria, y se convierte en permanente, es decir, la célula no respira y se muere, produce Parkinson o Alzheimer. Si hay falta de oxígeno transitoriamente muy común cuando comemos carbohidratos o azúcares, las células fallan, cuando somos quemadores de grasa, obligamos a la célula a captar oxígeno, de lo contrario no se daría el proceso de crear las cetonas. Es por esa razón que un organismo adaptado al consumo de las grasas en lugar de estar adaptado al consumo de carbohidratos, le llaman cetoadaptados y la forma de conseguirlo se le dice dieta cetogénica.
Esa dieta cetogénica, la que el ser humano utilizaba cuando era nómada, o la que se utiliza cuando se vive en las montañas, lejos de los supermercados y para sobrevivir se caza, es una dieta simple sin mezclas que pudren las proteínas consumidas.
Al consumir sin mezclas los alimentos, por ejemplo un salmón solo, las enzimas digestivas actúan correctamente degradando el salmón, sin necesidad de que este sufra un proceso de putrefacción dentro de nuestro organismo, mismo que al carecer de las enzimas digestivas por las malas mezclas que realizamos dentro de las dietas “equilibradas” donde al salmón le agregamos arroz y se inhiben las enzimas digestivas ácidas y las enzimas digestivas alcalinas, el proceso de putrefacción del salmón y el de fermentación del arroz, aparecerán para ayudar a que se digieran ambos alimentos.
Caso contrario, si en lugar de mezclar arroz con salmón, lo consumimos solo, se producirá una digestión sin putrefacción la cual hace más sencillo, una filtración o una limpieza de los residuos que dejan las células cada vez que se nutren, sin cúmulos de toxinas. Entonces limpiar el colesterol, el ácido úrico, o el dióxido de carbono ayudado gracias a la interacción del hígado, los riñones y los pulmones, sin el cúmulo de toxinas para evitar la acidosis humoral, mantendrá los espacios intersticiales de las células limpios y claros, para recibir de los vasos sanguíneos el preciado oxígeno, evitándose la isquemia.
Otra característica interesante de la dieta cetogénica es que no hay necesidad de restringir las calorías, ya que el cuerpo cuando no consume carbohidratos, tampoco necesita de la hormona insulina, y sin producción masiva de insulina, la grasa que se consume en los huevos, la mantequilla, los chicharrones, el salmón, el aceite de oliva, en la carne roja, en el aceite de coco y otras fuentes ricas en grasa saturada, se convierten en energía o en cantidades altísimas de ATP, para funcionar energéticamente correcto sin llegarse a descompensar el cuerpo, como le sucede a una débil persona comedora de carbohidratos, que si se le baja el azúcar se descompensa.
Entonces un cetoadaptado en lugar de guardar la grasa que consume en sus diferentes comidas, la utiliza como principal fuente de energía y esa es la razón por la cual las personas que comen grasa se les bajan las “llantas, los rollos o los ñongos”; mientras que otras personas no cetoadaptadas, tienden a combinar la grasa con los carbohidratos, y solo el hecho de existir azúcar por ejemplo en el pan, eleva la insulina; por eso consumir: conos, pizzas, hamburguesas, chicharrones con yuca más cerveza, u otras fuentes ricas en azúcar combinadas con grasa saturada, engorda tanto, apareciendo la panza olímpica, la cual por su tamaño se brinca la faja.
Como el cuerpo no es estático sino dinámico, no siempre necesitamos un número definido de calorías, es por esa razón que determinar en una dieta “equilibrada”, de 2000 calorías para una persona o 1500 calorías para otra persona dependiendo del tamaño y peso en el que se encuentra, es un gravísimo error energéticamente hablando.
Si una persona es obesa y le bajamos las calorías, empezará a perder peso, pero con la aparición de colgajos de piel, o llamados despectivamente los pellejos de piel, esa falta de calorías para regenerar la piel, que es un órgano inmenso que recubre todo el cuerpo, se manifiesta en pellejos, debajo del ombligo, a los lados y atrás de los brazos, en las nalgas, entre los muslos y así según el volumen de grasa almacenada que haya estirado por varios años la piel.
Cuando los inexpertos visualizan colgajos de piel, recomiendan levantar pesas o realizar actividades físicas contra resistencia. Entonces ahora se le sumará a la falta de calorías un consumo mayor de calorías, con lo cual los “pellejos” de piel lucirán más flácidos, pero con una pronta lesión muscular, que no tiene calorías para regenerar la destrucción de células musculares que provocan los ejercicios contra resistencia o lo que común decimos “hacer pesas”.
Como contra parte una persona que disponga libremente de la utilización de calorías, como un cetoadaptado que puede utilizar libremente la energía, empezará a quemar grasa para otorgarle al cerebro sus 600 calorías favoreciendo a los neurotransmisores o biomoléculas que transmiten información, para que el sistema eléctrico funcione y el cuerpo no falle, aunque se haga ejercicio cardiovascular en combinación con ejercicios contra resistencia.