La líbido es el impulso sexual que lleva a una persona a buscar placer en la intimidad. Una motivación mental y biológica que enciende las ganas de tener actividad sexual.
Surge de la compleja interacción entre el sistema nervioso central y los mensajeros químicos cerebrales y las hormonas sexuales que regulan el impulso y la motivación hacia el placer.
Tanto los ovarios como los testículos modulan la intensidad de apetito sexual.
El inconsciente, modula la energía y la disposición emocional, haciendo que la persona se sienta más abierta al contacto social y al juego romántico.
Esa capacidad de sentir emociones, dolor y placer se entrelaza profundamente con el deseo sexual. El deseo no surge solo de la capacidad de sentir, es la combinación compleja entre la biología, la mente y los vínculos afectivos.
La brecha entre lo que dice la ciencia y la vivencia real donde en promedio los hombres reportan más líbido que las mujeres, podría no ser cierta.
La mujer a menudo vive una sexualidad mucho más rica de lo que la censura por normas culturales y sociales tradicionales que históricamente han intentado controlar el deseo sexual femenino se cree; asociándolo de forma errónea con la inmoralidad, los prejuicios, no permitiendo ver la realidad.
Los conflictos en la intimidad y el rechazo femenino o masculino, se debe al no saber leer ese lenguaje que nos acerca al encuentro delicioso para compartir energías por lo que no existe respuesta. Un desajuste de ritmos más que de biología.
La mujer conecta el deseo con una intensidad que va más allá de lo físico, al igual que muchos hombres, lo que lo hace parecer distinto, no es solo la estimulación física, también la confianza de uno mismo y con la otra persona el estado de ánimo al compartir los deseos, los miedos, para encontrar esa tranquilidad que potencia al ser.
Si esos factores se ajustan se experimenta poder, una energía que vive dentro pero que a la vez está dispuesta a ser compartida para regalar y regalarse placer al sentirse deseada o deseado todos los días.
Por eso masturbarse frente al espejo va más allá de simplemente ver cómo se toca, no es solo llegar al coito para descargar un impulso “y ya” resumiendo el acto visto solo como una necesidad física rápida o una búsqueda directa de placer individual.
La líbido puede ser muy alta en ambos sexos, pero los prejuicios esconden la verdad, una que por ignorancia no se alimenta diariamente en busca de una sexualidad activa, alejando a las personas de la enfermedad, el desequilibrio y en su lugar concentrar toda la energía en los órganos vitales, para mantener sano el corazón, las vasos sanguíneos, con niveles altos de testosterona que a la vez protegen al corazón, donde las hormonas tiroideas funcionen adecuadamente, alejándose de la depresión y el agotamiento nervioso.
Si no permitimos bajar la líbido, otras cosas vendrán añadidas como el ejercicio, el descanso, la alimentación sana, los baños de sol, la diversión, la salud financiera y todo eso junto traerá paz y alegría.