💖14. EXPERIMENTEMOS SEXO SIN COITO.
Si reducimos el encuentro sexual solo al enfoque del coito, nos estamos perdiendo de una gran gama de sensaciones que nos puede proporcionar el cuerpo al utilizar los sentidos. Los sentidos son capaces de trasformar estímulos físicos en señales eléctricas para que el cerebro interprete placer al liberar neurotransmisores como la dopamina y la endorfina.
Explorar el cuerpo lentamente para tocarlo reduce el cortisol. Acariciar los brazos, subir al pecho, continuar hacia el cuello hasta las orejas abarcando con la mano la mayor cantidad de piel, genera calma y aumenta el bienestar.
Besar lentamente para saborear los labios de punta a punta y oler el aroma del deseo, evoca emociones al disfrutar no solo se lo se toca o huele también de lo que se ve y se escucha para elevar la excitación.
El tacto es el sentido más directo para generar placer gracias a la densidad de receptores específicos en la piel que responden positivamente a las caricias suaves, detalladas y lentas, siendo recibidas por la corteza insular, vinculada a la emoción y bienestar, más que a la ubicación física del tocamiento.
No solo se puede acariciar, también se puede intercalar con un masaje firme que estimule los receptores de Pacini llegando a reducir la frecuencia cardiaca y activar el nervio vago, induciendo la relajación como un precursor para el deseo mientras se eleva la oxitocina o mejorar el acercamiento para aumentar la receptividad y la conexión física.
Estar presente entre caricias, besos y tomarse el tiempo para ver y oler nos acerca a la zona genital, un área que estará turgente, la cual realza su maravillosa belleza; ahora la alta concentración de receptores sensoriales o corpúsculos de Pacini (mecanorreceptores encapsulados) estarán dispuestos al igual que las manos, lo cual lleva al placer mutuo, tanto para el que da placer con vibración y movimientos rápidos como para el que lo recibe; pero también los corpúsculos de Ruffini entran en acción el estirar la piel, de los genitales.
Pacini/Ruffini, ambos importantes ya que juntos dan una experiencia de profundidad y ritmo. Sentir profundidad y ritmo activa el sistema de recompensa hacia la corteza somatosensorial promoviendo la calma pero a la vez la excitación.
Esa entrada sensorial Pacini/Ruffini envía señales a la corteza somatosensorial, desplegando glutamato o “mensajero de encendido” que libera dopamina y esta dispara el núcleo accumbens o el centro de la recompensa para elevar el placer desde el tocamiento físico para recibir un presente consciente al querer estar ahí.
El deseo es un potencial activado por el interés, la atracción, en busca de la satisfacción. La anulación de coito aleja a las parejas del impulso, una fuerza que se aplica en un movimiento rápido, un antojo, que lleva a un movimiento rápido, impulsivo y arbitrario hacia algo que sin motivo claro se desea obtener. Una intensa ansia por tener, hacer rápido en busca de una descarga sin la conexión y con pérdida de energía.
Aumentar el deseo hace que éste nos lleve por ciclos de movimiento para mantener vivo el interés por continuar en la búsqueda de las posibilidades de la realización; y de pasar a las caricias y los besos pasamos al estímulo con las uñas pasándolas por todo el cuerpo, principalmente por los lugares llamados yin o las partes donde el sol no toca con facilidad la piel, por ejemplo los bordes internos del pie, la entre pierna empezando desde la cara interna de la rodilla en combinación con delicados besos a las zonas genitales, los hombres por ejemplo tienen mucho placer en los testículos, acariciar suave con las uñas mientras se lamen con suavidad y se dan movimientos rítmicos y repetitivos de arriba hacia abajo para generar una muy placentera fricción; la estimulación rítmica de la vulva, especialmente en el clítoris y la zona periuretral lo que llevaría a orgasmos y a la eyaculación femenina por lo general con la no sostenida expulsión de fluido a través de las glándulas de Skene al dar un placer – conexión, aumentando el deseo para practicar el tribalismo para que la mujer continue frotando su vulva contra el cuerpo del hombre en la parte corporal que sus movimientos naturales le indiquen; desde el antebrazo, abdomen hasta continuar en el muslo mientras lo besa suavemente.
Ya para ese momento se puede realizar sexo oral mutuamente para disfrutar del cunnilingus y la felación, la forma en que se use la lengua y los labios no tiene una guía solo el disfrute que el cuerpo guíe.
Si el deseo se eleva existe una intensión y atención hacia donde nos dirigimos y aquello que se quiere y no el impulso descarga, el antojo que no despierta los sentidos. Si se elimina el impulso la satisfacción de corta duración e inmediata satisfacción se puede dar a partir de la búsqueda de un control que al final no sacia, nunca es suficiente, hasta perder el interés y con ello bajar la líbido una que nos mantiene sanos, vitales y alegres.
Cuando nos centramos en el coito el encuentro íntimo pasa a la genitalización, cual es un desplazamiento de la libido o potencial sexual hacia los órganos que se reconocen claramente como generadores de placer, dejando de lado el resto del cuerpo como si sobrara o que no tiene lugar.
El centrarse en los órganos genitales conlleva a movimientos que tienden a ser limitados y repetitivos con el fin de crear la necesaria excitación para hacer posible la pobre lubricación que lleve a la penetración, con la esperanza de obtener un orgasmo; el acto se consume pero por lo general lo vivido palidece ante lo pensado y creado con las expectativas anteriores sin embargo, apenas se alcanza a sentir por un breve momento y ya. El fuego se apaga abruptamente para dejar un mal sabor y a veces un vacío e incomodidad y sin explicación.
El sabor de experimentar una descarga en lugar de una experiencia total genera una presión generada sobre la relación y el disfrute esperado.
No forzar el coito desmiente las expectativas y las exigencias plantadas, comparaciones de poder donde se exigen penes endurecidos por horas o vaginas que soporten largas y bruscas fricciones que a la larga las vivimos con ilusión y posible máxima satisfacción. Y es precisamente donde se empiezan a crear momentos de desencuentro en ritmos, caricias, cercanía, distancia y lenguaje verbal, al punto de la desarmonía total y la poca capacidad para funcionar conjuntamente, que bajo esas condiciones no se produzca la necesaria lubricación como tampoco se llegue a la suficiente erección.
No es que el coito sea un desastre para la conexión, es la forma de hacerlo lo que puede mejorar o empeorar el encuentro sexual. Pero se puede experimentar un encuentro sexual sin coito para explorar y aprender que no solo los genitales ofrecen placer. El placer sexual es una experiencia neurobiológica y sensorial que involucra todo el cuerpo en especial el cerebro, que al descubrir zonas erógenas como el cuello, detrás de las orejas, rodillas, muslos, espalda, manos, etc. Un encuentro sexual sin coito puede ser una experiencia que queda en las células elevando la energía desde el sexo oral, la masturbación mutua y hasta simultánea, el frotamiento al permitir sentir el cuerpo de la otra persona como si quisiéramos acariciar el otro cuerpo con el propio cuerpo, y por qué no usar juguetes sexuales si a ambos les gusta hasta conseguir la satisfacción plena.