❤🔥 11. EL PODER SEXUAL DE LA MUJER.
El deseo sexual femenino es una fuerza poderosa, una respuesta natural a la atracción y al placer. La sensualidad de la mujer refleja una armonía interior, un equilibrio que se manifiesta en cada gesto, emanando desde su centro energético: el útero.
El útero es el origen de la vida. En Reiki, se considera el centro de la creatividad, la sanación y la conexión con la esencia femenina. Una mujer sana y vital es naturalmente libidinosa, y disfruta plenamente de las sensaciones que su cuerpo le ofrece.
Para mantener el útero sano, es fundamental:
Practicar ejercicio de resistencia, incluyendo el fortalecimiento del suelo pélvico.
Evitar el tabaco y reducir el consumo de alcohol.
Seguir una alimentación baja en carbohidratos.
Descansar adecuadamente.
Tomar el sol sin bloqueadores.
Eliminar productos cosméticos innecesarios.
Además, se recomienda incorporar prácticas como la meditación, la respiración consciente, el movimiento pélvico y terapias psicológicas o espirituales que ayuden a liberar patrones negativos y conectar con la energía femenina.
El poder sexual femenino es profundamente atractivo y, a veces, intimidante. Cuando una mujer irradia sexualidad, puede despertar inseguridades en otros, quienes intentan minimizar ese poder con comentarios ofensivos. Sin embargo, una mujer empoderada abraza su sensualidad sin temor ni culpa.
Este poder se manifiesta en la capacidad de experimentar deseo, excitación, satisfacción física y orgasmos, expresando sus necesidades y estableciendo límites claros en sus relaciones.
Una mujer que honra su sexualidad cuida su salud hormonal. Tras la menopausia, aunque los ovarios dejan de producir estradiol, el cuerpo continúa generando estrona desde el tejido adiposo y las glándulas suprarrenales. La testosterona también sigue produciéndose, y su síntesis depende de niveles adecuados de colesterol LDL.
El colesterol es esencial para la producción de hormonas sexuales. Sin embargo, no se trata solo de tener colesterol LDL alto, sino de mantener los triglicéridos bajos (idealmente por debajo de 60 mg/dL). Esto se logra evitando el consumo de azúcares y carbohidratos refinados (como arroz, pan, cereales procesados, yogures azucarados), y priorizando alimentos como huevos, carnes y vegetales.
Una mujer que consume carbohidratos en exceso puede tener triglicéridos elevados (por encima de 150 mg/dL), lo que contribuye a la formación de colesterol LDL aterogénico, que se adhiere a las arterias. Además, la suplementación de calcio sin una adecuada salud hormonal puede llevar a que este se deposite en las arterias en lugar de los huesos, aumentando el riesgo de placas arteriales.
En cambio, una dieta rica en grasas saludables y baja en carbohidratos permite fabricar un colesterol LDL grande y no aterogénico, que favorece la producción de testosterona, fortaleciendo la salud sexual, muscular y ósea.